| Propuesta |
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En nuestro planeta existen infinidad de costumbres idiomas, religiones, ideologías, políticas. Todas, con sus ventajas e inconvenientes y lo que acarrean sus simbolismos y significados, pero tenemos un lenguaje universal que no da lugar a ambigüedades, los números y sus estadísticas. 189 jefes de estado han suscrito hace diez años el objetivo de dedicar el 0.7 % del PIB para trabajar juntos en la erradicación la pobreza. Hasta hoy, sólo cinco países lo han logrado, en muchas ocasiones esta ayuda no es eficiente, por lo que no supone la sola reducción de la pobreza, sino que va encaminada a las estrategias económicas nacionales del país donante, es decir, los países desarrollados. Si los países empobrecidos deben dedicar sus esfuerzos a la consecución de siete metas, el octavo objetivo es donde los países ricos adquieren el compromiso de facilitar a los países en desarrollo conseguir sus objetivos marcados. Curiosamente, este objetivo, no tiene ningún plazo marcado, por lo que nos podría dar a entender que por nuestra parte ya debería estar cumpliéndose. Si retrocedemos en el tiempo deducimos que la deuda externa es derivada de la descolonización y de otros factores derivados de nuestro ansia de poseer a costa de los demás, deberíamos ser conscientes que no sólo son países en desarrollo con coeficientes económicos deficientes, sino que además , algunos países han dejado atrás métodos básicos como la agricultura y demás porque los países desarrollados hemos implantado nuestras fábricas, y elementos potenciales en sus zonas, contratando a los habitantes por una miseria, lo que ha hecho que aumenten las expectativas de las empresas privadas en tener y ganar más, y que estos países cesen en las actividades que les podrían dar de vivir más dignamente. Aquellos que se arriesgan en exportar sus productos tienen que pagar unos gravámenes bastante considerables, estamos, además de absorbiendo su riqueza y sus personas sin ningún tipo de miramiento, impidiendo que ellos se impulsen como país propio. Esto es tan sencillo de cambiar como que nuestros gobernantes se conciencien de las consecuencias que pueden desencadenar en una mayor deuda externa intermediación de la que se nos requiere ahora, promoviendo porcentajes impositivos inferiores, y que vayan degradando evolutivamente hasta un equilibrio razonable. Este problema no solo se solucionaría así, deberíamos no darles de comer, sino “darles la cuchara para que aprendan a comer”, con programas de ayuda relacionados con el comercio y desarrollo, aportándole un mínimo de comunicaciones para que vayan avanzando hacia nuestras redes, servicios sociales básicos y adecuados a sus ciudadanos y eliminando los intereses de esta constante deuda externa que echa hacia atrás a los países en desarrollo con el fin de hacer la deuda sostenible a largo plazo. Es interesante tratar el tema de “darles el material para que ellos mismo se desarrollen” y aplicar estrategias para que las nuevas generaciones de los países empobrecidos sepan lo que es un trabajo digno y productivo, ya que la mitad de los desempleados del mundo se encuentran en estos países; la ausencia de trabajos dignos que por consecuencia se ven irremediablemente a rebajarse hacen difíciles el aprovechamiento del potencial humano y escapar de la pobreza, generando antisocialidad, violencia y delincuencia en muchos casos; dándoles nuestra cuchara haremos que vayan progresando y evolucionando por ellos mismos. Otro tema es el de medicamentos, si los países desarrollados se ven con pocas ganas de disminuir sus aranceles y deudas contraídas, tienen la opción de subvencionar a las empresas farmacéuticas, ya que ambos provienen del país desarrollado y llegarían a entendimientos económicos más rápidamente, a que envíe medicamentos sin ningún tipo de coste, ya que aparte de necesitar un trabajo digno, necesitan unas condiciones de salud y erradicación de enfermedades que aquí simplemente logramos con una nimia pastilla, solventando así otro de los problemas que es por todos sabido; es indigno que les llegue a cuentagotas medicamentos que aquí podemos conseguir en cantidades industriales con sólo pedirle una firma a nuestro médico. Con estos pequeños avances que iríamos realizando progresivamente pero sin ningún tiempo que perder, podríamos lograr que las economías subdesarrolladas fueran saliendo del inframundo al que nosotros tiempo atrás les empujamos sin ningún miramiento, hoy toca arreglar los platos rotos que en antaño nuestra avaricia nos llevo, y darles cucharas para que llenen sus ollas, ya no hay excusa que valga, ahora solo queda esperar acciones que cumplan lo que tanto se promete, hablarles con números, cifras, que es lo que ellos bien entienden ya que si entre todos hemos propuesto estos objetivos no es solo para quedar bien, es porque algunos tienen intención de intentar cambiar el mundo irregular en el que vivimos. |
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